lunes, 24 de enero de 2011

Un Problema

"Últimamente, prefiero no tener a perder"
(Bolo García)


No quiero nada que no sea mío
tampoco nada que lo sea
a la larga, es un problema

En mi propia suerte
de modesta arrogancia
sé que puedo perder
a la mujer que me de la gana
que las que no me quitan el sueño
me quitan la manta

No quiero nada que no sea mío
tampoco nada que lo sea
a la larga, es un problema

He estado casado tres veces
pero ellas nunca se dieron cuenta
y me enamoro
como en las películas
24 veces por segundo
en una tormenta
de imágenes superpuestas
unidas en un hilo argumental
que describe una espiral
que no sé muy bien
si me lleva hacia adentro
o hacia afuera

No quiero nada que no sea mío
tampoco nada que lo sea
A la larga, es un problema.

¡Seño!
¡Me he vuelto a meter el corazón en la nariz!
Y apenas puedo respirar, pero
¡Qué bien duele!
La niña que huele a marihuana
me ha vuelto a invitar a comer
cuando me apetezca comer
y ella no haya comido
Y no quiero nada que no sea mío
y con esto lo que digo es
que qué sabrá ella del hambre
del hambre que uno ha elegido
de cómo tus peces
se comieron a mi gato
y tuve que aprender
a caer de pie
por mí mismo

No quiero nada que no sea mío
Tampoco nada que lo sea
quiero todo lo que hay entre medias

quiero saberme idiota y afortunado
cada vez que despierte a tu lado
y lanzar otra vez la moneda
y que vuelva a salir cara
que siga saliendo cara
aunque nadie lo entienda
aunque nadie se lo crea
Solo quiero que sonrías
cada vez que me veas
que ganemos los dos siempre
que ganemos por sorpresa
para que nadie
nunca
nadie
pierda

No quiero nada que no sea mío
tampoco nada que lo sea
a la larga, es un problema;
resolverlo cada día
el único desafío
que todavía me interesa
la única certeza en la que confío
y mi única fuerza.


miércoles, 19 de enero de 2011

En Todas Mis Oraciones




Los sustantivos creen que lo saben todo
Que deciden qué es cada cosa

Pero he visto tantos nombres propios
Volverse comunes

Que les miro los determinantes con lupa;
Los demostrativos a veces
Me ayudan a saber dónde estoy,
Aunque nunca me he llevado bien
Con los posesivos.

Son los adjetivos y los adverbios
Los que realmente aclaran
Cómo son las cosas,
cómo suceden.


Los verbos nacen condicionales,
Se van haciendo futuros
Les da la tontería del presente
Y cuando te quieres dar cuenta
Se han hecho pretéritos,
Aunque para ti siempre serán


Los mismos subjuntivos.



Ya participios, hay que ponerles un auxiliar,

Y aguantarles sus "pude haber sido"

Hasta que fenecen, agarrando sus complementos

Hasta el último aliento.




Todo depende de lo que venga después


Porque tarde o temprano llega un punto


Tras el que no hay más conjunciones copulativas,
Y todo son peros, y hay que poner un punto final

Tras el que comienza otro párrafo,


Otra página


Otro libro.




sábado, 15 de enero de 2011

Pesadillas

Ella tiene pesadillas en las que vuelves a buscarme; apareces de la nada y me apartas de su lado para llevarme a un mundo de nostalgia sólida del que no se ve capaz de rescatarme en contra de mi voluntad.




En mis sueños vuelves y tomamos café, vamos de compras, y nos sentamos juntos de nuevo en un autobús verde atrapado en un atasco en mitad de su camino al lugar donde nunca quisimos ir. Es terrible lo agradable que resulta.





Siempre fui mejor amante que marido; se me hace más romántico añorar lo perdido que agarrarme a lo que tengo, me gusta rescatar tesoros de galeones hundidos y bucear por las bodegas de carga, aunque sepa que esos barcos no volverán a surcar los mares, y también tengo por costumbre poner trabas en la aduana a quien intenta amarrar de buenas a primeras su velero cuando el viento lo trae a mi muelle.





Te herí como la hiero a ella, sin saña pero sin piedad alguna, y me lo supiste perdonar como tantas otras cosas, como todas las cosas menos una. Te quise tanto cuando ya no te tuve, te quiero tanto todavía, que temo que nunca seas capaz de perdonarme, que me desprecies por orgullo mientras yo sigo amándote de uno u otro modo por pura arrogancia, tratando de demostrar que mi amor es más fuerte que la mala suerte, más que tu rencor, que tengo magia en el dedo meñique para iluminarte la vida entera y es tu aliento marchito el que apaga constantemente la llama para que sigas a oscuras.





Tu regreso tiene el encanto de lo imposible y eso es todo lo que tiene; esos miedos suyos, esa esperanza mía, son los contrafuertes de los muros de carga del castillo que construimos en el aire apilando tardes de abril como ladrillos, y tú estás fuera con el resto de amenazas intangibles atadas al suelo, fuera, entre todos los idiotas a los que ella ha querido, fuera, junto al río, lavando esa vida nueva con la que te tapas las vergüenzas para que nadie te las vea como yo las vi.





Y en tus sueños, que están más allá del alcance del más largo de los tentáculos de mi imaginación, no estamos ni ella ni yo, en tus sueños quizá ni siquiera estés tú y por eso, seguramente por eso, te soñamos.




jueves, 6 de enero de 2011

Tres Cafés



Llevo tres cafés cortados

tratando de escribir algo

y solo se me ocurren

cosas que decirte

ahora que no

me coges el teléfono

que te hagan reír,

aunque sea de mí

que te hagan llorar,

aunque sea por otro,

que te enseñen a

mojarte el culo

cuando quieras peces

por si alguna vez

dejan de saltar

dentro de tu barca

que te obliguen a

lanzarme las bragas a la cara,

pegarle una patada a mi perro

o chupármela en el cine

y arrancármela de un mordisco

si la película termina en beso,

a pelearte con tu madre

porque dice que no te quiero

asomarte siempre

al borde de los andenes del metro

a llegar tarde al trabajo

y gastar mucho dinero,

casarte conmigo

y ponerme los cuernos

o casarte con otro

y pegar a tus nietos

apostar en las carreras

entre quiero, debo y puedo

saltar por la ventana

y agarrarte al tendedero

a quemar todas las naves

antes de salir del puerto



cosas, en definitiva,

que te hagan coger el maldito teléfono

para poder



susurrar

que



no tengo nada que decirte



y ponerme a escribir algo,

aunque no sea muy bueno

que hable solamente

de mí.



sábado, 25 de diciembre de 2010

Mi Casa


"¡Fuera de mi puta casa!", te dije.


Pero no te largaste.


Te quedaste.


Te quedaste

depilándote

tras el azulejo suelto

del cuarto de baño.



Te quedaste

en la última balda de la nevera,

encima de las manzanas,

justo al lado de los yogures

que empiezan a caducar.



Te quedaste

leyendo debajo de la almohada,

y ya no pude dormir

porque necesitabas

tener la luz encendida.



Te quedaste

de pie, riéndote

de mi manera de planchar.


Te quedaste

llorando,

sentada en el retrete

sin dejarme entrar

a consolarte

o hacerte reir.



Y no te quedaste sola.

Se quedaron tus secretos


en mi ordenador.

Se quedó tu silueta

desnuda

en el espejo

frente al armario.

Se quedaron tus gritos

y tus insultos,

resquebrajando las paredes

como manchas de humedad

y agujeros de bala.


Te quedaste en la minicadena,

cantando con Lou Reed,

con Trent Reznor

con Quique González.



Te quedase en la pantalla del televisor,

follándote a Brad Pitt

sin que yo pudiera

detener la reproducción

sin que yo pudiera

dejar de mirar.



Te quedaste

en el cajero de enfrente,

dejándome dinero

para comprarle un regalo

a tu hermano.

Te quedaste en el sofá,

abrazada a mí,

cada vez que me tumbo.



Te quedaste en la ventana,

y cada vez que la abro

tu olor entra a por mí.

Te quedaste en la bombilla fundida

que querías que cambiara.


Te pedí que te largaras de mi casa.


Y mi casa se largó.



lunes, 13 de diciembre de 2010

Allez


Después de todo quizá el sexo no era tan importante, me decía a mí mismo sin hacerme mucho caso. Ella, durante las primeras semanas, era un mueble, y yo no lo soportaba; sin embargo lo que al principio tomé por un despliegue de pereza y egoísmo y una falta de deseo francamente molesta (que no de excitación, lo que casi lo hacía peor), resultó ser una amalgama de timidez, reserva y tranquilidad que se fue disipando con el tiempo.


El miedo a que en ese terreno fuera peor que mi última amante reincidente no me permitía apreciar la diferencia: el placer ya no era urgente. Su presencia en cada mañana y cada tarde hacía innecesario incendiar cada noche como si nos fuera la vida en ello. Me corría menos veces pero los orgasmos eran más largos e intensos y con el tiempo llegamos a sincronizar el final y, finalmente, a que el final no importara; los finalistas son segundones. Después de compartir el clímax, sin embargo, y por joder después de joder, a menudo le reprochaba con una sonrisa "Me estás haciendo viejo".


La verja lingüística nos permitía comunicarnos a trompicones, y aunque ninguno entendía el idioma materno del otro, nos encantaba abandonar nuestro oído a aquellos exóticos galimatías. "Come on, tell me a dirty story in Spanish. The one about the bus. Alleeeez!".
La caducidad inminente de nuestra relación ayudaba también a mantener nuestros secretos a salvo de absurdos impulsos posesivos. Y así, en conjunto, era aquella extraña comunicación nuestra una de las más honestas y extrañamente apropiadas de todas las que se han dado jamás entre dos amantes.


Una vez conquistada y en la desnudez del juego, sus defectos y virtudes hicieron las paces en mi cabeza; desmonté su perfección sin darme cuenta y detrás encontré escondida la belleza.


¡Ah! Y además follaba bien.


miércoles, 1 de diciembre de 2010

No Mates Al Malo


Cuando se acabe la película
No mates al malo
Salva a la chica, desactiva la bomba
Haz un chiste y vete a casa,
Deja caer los créditos

Pero nunca mates al malo

Al tipo que se cargó a tu compañero
Para que nadie te eclipsara,
El que asustó a la rubia
Que buscó refugio en tu cama,
Que te explicó su plan
Con paciencia de padre
Porque, ya te vale,
Aún no lo entendías

Despertó tu furia y salvaste el día
Dejó que le pegaras
Y sonríe todavía,
Te dio una función, te dio una salida
Le dio un sentido a tu ira,
y está dispuesto a volver,
Si es menester, con la frente marchita,
Para que sigas siendo el protagonista
y te montes otra puñetera película.

Puedes matar a la chica,
Que se tira el productor
Líbrate del cómico,
Siempre fue un pésimo actor
Quema el escenario, el atrezzo, la claqueta
O escupe al espectador,
Pero nunca, jamás mates al malo.
Le debes
hasta la última bala del cargador.