sábado, 15 de enero de 2011

Pesadillas

Ella tiene pesadillas en las que vuelves a buscarme; apareces de la nada y me apartas de su lado para llevarme a un mundo de nostalgia sólida del que no se ve capaz de rescatarme en contra de mi voluntad.




En mis sueños vuelves y tomamos café, vamos de compras, y nos sentamos juntos de nuevo en un autobús verde atrapado en un atasco en mitad de su camino al lugar donde nunca quisimos ir. Es terrible lo agradable que resulta.





Siempre fui mejor amante que marido; se me hace más romántico añorar lo perdido que agarrarme a lo que tengo, me gusta rescatar tesoros de galeones hundidos y bucear por las bodegas de carga, aunque sepa que esos barcos no volverán a surcar los mares, y también tengo por costumbre poner trabas en la aduana a quien intenta amarrar de buenas a primeras su velero cuando el viento lo trae a mi muelle.





Te herí como la hiero a ella, sin saña pero sin piedad alguna, y me lo supiste perdonar como tantas otras cosas, como todas las cosas menos una. Te quise tanto cuando ya no te tuve, te quiero tanto todavía, que temo que nunca seas capaz de perdonarme, que me desprecies por orgullo mientras yo sigo amándote de uno u otro modo por pura arrogancia, tratando de demostrar que mi amor es más fuerte que la mala suerte, más que tu rencor, que tengo magia en el dedo meñique para iluminarte la vida entera y es tu aliento marchito el que apaga constantemente la llama para que sigas a oscuras.





Tu regreso tiene el encanto de lo imposible y eso es todo lo que tiene; esos miedos suyos, esa esperanza mía, son los contrafuertes de los muros de carga del castillo que construimos en el aire apilando tardes de abril como ladrillos, y tú estás fuera con el resto de amenazas intangibles atadas al suelo, fuera, entre todos los idiotas a los que ella ha querido, fuera, junto al río, lavando esa vida nueva con la que te tapas las vergüenzas para que nadie te las vea como yo las vi.





Y en tus sueños, que están más allá del alcance del más largo de los tentáculos de mi imaginación, no estamos ni ella ni yo, en tus sueños quizá ni siquiera estés tú y por eso, seguramente por eso, te soñamos.




3 comentarios:

  1. Las pesadillas son tan románticas...

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  2. A mí me gusta soñar con que vuelven porque sé que así no vuelven. Es raro.

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